No volví con las manos vacías, me traje sensaciones inolvidables de aquel largo viaje

Te cuento cómo nació Cositas de Alpaca

¡Hola! Soy Paula

Hace unos años estuve viviendo en Ecuador. Antes de llegar allí, la verdad es que no sabía apenas nada del país; iba ilusionada, pero sin saber realmente qué me iba a encontrar. Recuerdo que algunos amigos me decían que mirase algo sobre Ecuador en internet antes de subirme al avión, que viese fotos, que buscase imágenes de Quito y de la zona en la que iba a vivir. Pero yo no quise hacerlo; me parecía mucho más emocionante aterrizar sin saber nada y descubrirlo todo con mis propios ojos.

Mis primeros recuerdos de Ecuador son desde el cielo. Estaba deseando ver a dónde iba a llegar, así que no solté la ventanilla en la última media hora de viaje. Por suerte llegué a las 17.00 y el día estaba despejado, así que pude ver mucho y muy bien. Esa primera vista fue impresionante: montañas (gran parte de ellas, volcanes, aunque yo no lo sabía entonces), valles, muchísimo verde, colores tostados también. Un paisaje espectacular mezclado con la ciudad. Eso me llamó mucho la atención. Que estuviese todo tan cerca; cuando aterrizábamos, veía las casas debajo (casi a ras del avión), pero seguía viendo una imponente montaña allí mismo (lo que era el Volcán Pichincha). Creo que la cultura ecuatoriana (quizá sea extensible, en general, a la andina) está muy ligada a la naturaleza porque realmente el hábitat está totalmente entrelazado. Mucho más que en España.

Esa primera sensación tan cautivadora que tuve desde el avión no hizo más que crecer en los quince meses que estuve viviendo allí. La naturaleza y la cultura andina me fascinaron y, con ellas, también la artesanía local, que captaba y capta la esencia de ambas. No sé cuántas veces pude ir al Mercado Artesanal de La Mariscal (Quito), pero también visité el de Cuenca, Latacunga, Baños… y, por supuesto, el de Otavalo, el más grande de artesanía indígena de Sudamérica. Toda la artesanía ecuatoriana es especial; tan simbólica, tan colorida… pero sin duda, lo que más me enamoró fueron los productos de alpaca; y, sobre todo, las mantas (cobijas, como las llaman allí) de alpaca.

Antes de llegar a Ecuador, creo que nunca había oído hablar de las alpacas. Y probablemente, si me hubiese encontrado con una nada más llegar, habría pensado que era una llama. En el mercado de Quito es donde la descubrí por primera vez a través de su lana, de los cientos de prendas expuestas, suaves, llenas de color, súper finas. Fue lo primero que compré para mi casa: una manta de alpaca, de color amarillo y marrón.

Estando allí, tan lejos, envuelta en esa manta de alpaca me sentía en mi hogar. Ya fuese en el sofá, viendo una peli o leyendo un libro, o arropada en la cama, estaba en casa.

La primera Navidad que regresé a España para celebrarla con mi familia, lo hice cargada de mantas para todos como mi personal regalo navideño, y vi que claramente mi fascinación no era única: a todos les encantaron. Y pensé que sería genial poder traer productos de alpaca a España y acercar la cultura andina, tan especial para mí.

Si estando en Ecuador, las mantas de alpaca eran hogar; ahora, ya de vuelta en España, además me transportan de nuevo a los Andes y a la esencia de lo que allí viví.

Por fin, en 2024, pongo este proyecto en marcha con Cositas de alpaca.